Usted llevaba cuarenta años en el Estado antes de llegar a Osorno. ¿Cómo fue ese camino desde enfermero clínico hasta director de servicios de salud?
Fue un camino largo, entretenido. Cumplí este año cuarenta años trabajando en forma ininterrumpida casi todo el tiempo en el Estado. Mi primer trabajo fue en el Hospital El Peral, en un modelo de humanización de la psiquiatría que pretendía transformar los hospicios, que eran lugares donde iba a dejar gente abandonada, y reintegrarlos a la sociedad. Eso fue lo que le dio la partida a los COSAM que existen hoy, los centros de salud mental comunitario, los hogares protegidos, la reinserción social y la desaparición de los hospitales psiquiátricos como centros de abandono. Después trabajé en intensivo, hice cargos de jefatura administrativa, estuve en el hospital de Codelco en Chuquicamata, y estudié una segunda carrera, Ingeniería Comercial, porque sentía que los magísteres complementan tu profesión pero no te entregan elementos de otra. Hice un recorrido por el seguro, por el Ministerio, por la Atención Primaria, por las clínicas y por los servicios. Lo único que no fui en la vida es director de hospital.
¿Qué encontró cuando llegó al Servicio de Salud de Osorno en 2023?
Yo conocí Osorno cuando fui gestor territorial del Ministerio, allá por el año 2000, y me tocó supervisar desde Valdivia hasta Magallanes. Volví el 2016 para acompañar la construcción de los hospitales interculturales. Mi opinión siempre ha sido que este servicio tiene, a diferencia de los otros, consistencia en el objetivo y consistencia en las personas. Uno vuelve cinco años después y están los mismos técnicos en diferentes ubicaciones, y eso ha permitido que el servicio progrese más que los otros. Te da un sustrato para avanzar más rápido: no hay que construir nada nuevo, hay que administrar lo que hay, que es bueno.
Lideró dos años seguidos el ranking de gestión del Ministerio y aun así no lo renovaron. ¿Qué razón le dieron?
Una corrección: estuve tres años, no dos, y dos años lideramos. No me dieron ninguna razón. Yo creo que la razón es política, ciertamente. Nosotros tenemos un sistema donde somos titulares con nombramiento del presidente de turno, nos pueden pedir la renuncia por falta de confianza y nos pueden no renovar. La verdad es que casi no hay directores que logren cumplir los tres años, lo cual habla muy mal del modelo de Alta Dirección Pública. Me llamó alguien del gabinete y me dijo que no me iban a renovar. Le dije que era parte de las reglas del juego, que me enviaran los papeles. No tengo ninguna animosidad. Me voy orgulloso, me voy contento, aunque es un poquito como que lo echan a uno del paraíso.
Cuando publicamos la nota, se comentó que también saldría toda la primera línea del servicio: subdirecciones, jefaturas, más de veinte personas. ¿Eso es efectivo?
Creo que eso es parte del morbo. Cada vez que cambia un gobierno, las autoridades tratan de poner a sus parciales, pero hoy la Contraloría determinó que a los dos años esas confianzas se transforman en empleo permanente, así que el pool de personas dispuestas a venir por un año se achica. En este servicio el subdirector administrativo estaba antes que yo llegara; el de Gestión de las Personas también; el director del Hospital Base postuló, ganó concurso y a mí me tocó nombrarlo. Todas las otras personas están nombradas por procedimientos formales. Yo soy malo para la desvinculación política o ideológica.
El presidente Kast dijo en campaña que el mérito sería la bandera del Gobierno. ¿Cómo se explica que saquen a quien fue dos años el mejor de Chile?
La presidenta del Consejo de Comunidades dice que es raro que echen al mejor alumno del curso, y es raro. La única conclusión que uno puede sacar es que la discusión del mérito es falsa: que uno lo haga bien o mal es poco relevante, lo importante es tener una espalda política significativa. Yo siempre me he movido con poca espalda política. Nunca he llegado a un cargo por designación, siempre por concurso y siempre como titular. Pero también tengo que reconocer que en el periodo anterior tampoco me hubieran contratado. Al final no es este gobierno, son todos los gobiernos que sistemáticamente han destruido la Alta Dirección Pública. Lo que uno esperaría es que sinceraran la cuestión: o convierten el cargo en político, o fortalecen el equipo técnico como en el modelo inglés, donde el establishment público es fijo y solo cambian el ministro y un par de jefaturas.
Sus defensores hablan de indicadores del 95% de cumplimiento y del primer lugar del país. Pero hay listas de espera y salió la noticia de que las ambulancias del hospital no pueden salir. ¿Cómo se construye ese indicador?
El indicador se construye no sobre el éxito total, sino sobre una meta que te imponen sobre tu propio desempeño. Si me dicen que baje de 250 a 200 días de espera por una cirugía y lo logro, tengo el cien por ciento. Nuestro déficit es probablemente un 30 o 40 por ciento de financiamiento inicial para pillar las listas de espera. Pero si a mí me dieran el 30 por ciento más de presupuesto, ¿dónde lo ejecuto? No caben en esta ciudad un 40 por ciento más de operaciones: no hay médicos, no hay enfermeras, no hay camas. Cuando uno recibe más dinero del que puede manejar, termina comprando más caro y se pone ineficiente. Mi mirada siempre ha sido mejorar la resolutividad y la eficiencia, cuidando a las personas, porque esto es una empresa de servicio que funciona sobre la base de la gente. En tres años bajamos el 43 por ciento de los ausentismos antes de que la Contraloría planteara nada.
Hubo críticas públicas tras nuestra nota, y llamaba la atención que la mayoría de quienes hablaban de problemas de trato eran mujeres. ¿Qué responde?
Una cosa es que alguien haya hecho algo por lo que tiene que responder y se sienta maltratado, y otra es que digan que yo grité, acosé o perseguí. En eso soy bien intransigente: las obligaciones se cumplen. Tuvimos una funcionaria a la que despedimos por más de 180 días de licencia; fue al tribunal, perdió, y el proceso estaba bien hecho. Hay otros separados de sus funciones por ley Karin, donde sus subalternos dicen que los maltrataba. Siempre nos podemos equivocar, pero nadie de los que reclama que se le sancionó ha logrado desvirtuar la sanción demostrando que era víctima. La gente que tenía licencias reiteradas aprendió, la que viajó al extranjero con licencia y la sancionamos aprendió, la que trata mal a los demás aprende. Yo no siento que haya elementos para decir que soy un maltratador.
En diciembre de 2024 un subdirector médico operó a su hermana saltándose una lista de espera de 330 días. ¿Qué pasó ahí?
Se saltó la lista. La Contraloría tomó la investigación sumaria, se estableció que era efectivo y se le separó de la subdirección médica. No voy a hacer esfuerzo por defenderlo, porque efectivamente se equivocó. Lo destinamos a un hospital diferente. Ahora, quisiera precisar: aparentemente fue un sobrecupo. No es que sacáramos a alguien de la lista para operar a la hermana, sino que en un sobrecupo usó recursos del Estado para resolver un paciente de Fonasa que estaba muy atrás en la lista. Cuesta que la gente lo entienda. También quisiera decir que la Contraloría habló de noventa parientes de funcionarios que se habían saltado la lista, cuestión que resultó inexacta: eran tres, y de esos, el sumario determinó que dos eran discutibles. Hay que ser muy cuidadoso cuando se habla de los errores del Estado, porque la responsabilidad se determina al final del debido proceso, no al principio.
En abril de este año la Contraloría invalidó un sumario suyo contra una funcionaria con 35 años de servicio sancionada por acoso laboral, por vicios en el procedimiento y vulneración del derecho a defensa. ¿Qué ocurrió?
El fiscal hizo su investigación sumaria y propuso una sanción; yo propuse una diferente, que es mi potestad, y Jurídica la revisó. Lo que la Contraloría devuelve no es que esté incorrecto, sino que está insuficientemente documentado: pide certificar con día, hora y momento cada hecho. El fiscal tiene la obligación de hacerlo y eso todavía está abierto. Aparentemente en esta reapertura aparecieron más víctimas. Que uno tenga 35 años de servicio no lo faculta para tratar mal a los demás. Si al final del día nos equivocamos, habrá que reponerle las condiciones que tenía, pero todo indica que ocurrió y que hay un tema de procedimiento. Sobre que el cargo se habría llenado con una persona cercana a mí: no lo conozco, nunca lo había visto, no sé quién es. Eso es falso, es injurioso.
El Gobierno decidió bajar el presupuesto de salud, y Osorno fue uno de los servicios más golpeados junto a Valdivia y Puerto Montt. ¿Qué opina?
Nosotros históricamente hemos gastado más de lo que nos pasan. La Ley de Presupuesto es como la del tránsito: si el límite es 120 y andas a 130, tienes infracción, y nosotros hemos andado toda la vida a 130, 140, 180. Venimos hace años reduciendo nuestros márgenes de deuda con una presión asistencial muy significativa. Aquí voy a reconocer algo que no le pasó a otros servicios y a nosotros por suerte nos pilló así: veníamos reduciendo un 15 por ciento anual el gasto en licencias médicas, unos 1.500 millones, y eso se calzó con la reducción presupuestaria. Por eso esta vuelta no la pagaron ni los funcionarios de menor sueldo ni los pacientes. Pero si el año siguiente vuelve a haber una reducción, ya no va a quedar margen. Bajar el presupuesto genera problemas: si tuviéramos 1.500 millones más, ciertamente estamos mejor.
Para cerrar: ¿la provincia de Osorno necesita más infraestructura de salud?
La provincia de Osorno ha sido históricamente postergada. Si tenemos dos hospitales interculturales fue porque los pueblos se los sacaron a la autoridad, no porque estuvieran en el plan de inversiones. Necesitamos un hospital nuevo en Río Negro con rehabilitación y más complejidad, un hospital nuevo en Puerto Octay, diálisis en las comunidades más chicas. El Hospital de Osorno tiene 37 mil metros cuadrados; el de Curicó, para una población parecida, tiene 130 mil metros y cinco mil funcionarios, nosotros dos mil novecientos. Valdivia recibió una red de concesiones, Puerto Montt una parte, y nosotros somos como el hijo del medio. Yo tengo una raigambre más bien izquierdista, pero si no hay otra vía de financiamiento, que sea la concesión también, pero que construyan. Invertimos veinte mil millones el año pasado, nunca en la vida en Osorno se había invertido tanto en salud, y esa articulación no se puede perder. Hay que tomar la decisión luego, porque un hospital demora cuatro o seis años: este gobierno no lo va a inaugurar, lo inaugura el otro.
Rodrigo Alarcón Quesem dejó la dirección del Servicio de Salud de Osorno el pasado 7 de agosto, tras encabezarlo durante tres años y liderar por dos periodos consecutivos el ranking de gestión del Ministerio de Salud. Su salida abrió un debate regional sobre el funcionamiento de la Alta Dirección Pública y sobre la deuda histórica de la provincia de Osorno en infraestructura sanitaria.
La conversación completa está disponible en el canal de YouTube de Mirada Sur TV y en el portal miradasurtv.cl. La Entrevista de la Semana llega cada semana con los protagonistas de la actualidad de Los Lagos y Los Ríos.

