La abogada acusa a Fernando Cerimedo de haber organizado un atentado para silenciarla. En entrevista con El Mostrador reconstruyó el rol del operador en varias países del continente, incluido Chile, donde dice que el argentino operaba con bots y con “generadores de opinión”.
Nadia Beller bien podría encarnar el viejo refrán de la experiencia al límite: “vivir para contarlo”. Esto, porque luego de resistir un ataque a balazos, afuera de un hotel en Santa Cruz de la Sierra, ha relatado una trama digna de cine negro: su expareja, el argentino Fernando Cerimedo, más conocido como “el Rey de los trolls”, contrató a un par de sicarios para matarla, estando embarazada de él, para que no revelara una red de corrupción asociada a la venta de gasolina y oro, según ella ha relatado públicamente.
De ese modo, los comentarios que ha realizado desde la cama de la clínica donde permaneció tras los hechos, han permitido abrir tres investigaciones paralelas que indaga la fiscalía boliviana: intento de femicidio, enriquecimiento ilícito y presunto tráfico de drogas en contra de Fernando Cerimedo, el cerebro de varias campañas digitales de la derecha en distintos países de América Latina.
Beller tampoco se ha guardado demasiado hasta ahora: ha comentado a la prensa que el operador argentino es un agente de la CIA, que participa en negocios con personas al interior del Gobierno de Rodrigo Paz, que es parte de una red de protección de vuelos irregulares vinculados al tráfico de drogas y que ha prestado asesoría en campañas de desinformación en varios partes del continente, entre ellos Chile.
Tal como reveló El Mostrador hace unos días, en Santiago se recuerda el paso de Cerimedo por el proceso constituyente del año 2020, participando en la denominada “Casa del Rechazo”, donde trabajó elaborando encuestas de dudosa metodología, encargadas por un grupo empresarios en el que participaron dos actuales miembros del Gobierno: Alejandro Irarrázaval, el jefe de asesores del Segundo Piso, y el director de la Secom, Felipe Costabal.
En medio de su proceso de convalecencia, Nadia Beller accedió a conversar con El Mostrador. La mujer, que sobrevivió a tres disparos, asegura que el trabajo que realizó su expareja en Chile fue a gran escala, al igual que en otros países, con granjas de bots, generadores de opinión, inteligencia artificial, consultorías y vínculos con altas autoridades políticas. Las operaciones se habrían realizado a través de Grupo Numen, la compañía de Cerimedo que tiene una filial en Chile, Numen SpA.
Influencia en el continente
“Generadores de opinión en Chile”
“Quería que desaparezca mi cuerpo”
Nadia Beller aseguró a El Mostrador que Fernando Cerimedo no sólo estaba al tanto de las gestiones que ella realizaba para reunirse con una supuesta fuente para recibir información sobre Evo Morales, sino que su propia expareja fue la encargada de monitorear y supervisar el encuentro con el par de sicarios que intentó asesinarla.
—El tema, entonces, se viene fraguando de mucho antes.
—En realidad esto no data del día en el que mandó los sicarios, desde el 7 de agosto, más o menos, ellos hacen todo el acto preparatorio, al menos contactándome a mí para ir ganando confianza, me hacen dos citas previas, luego pretenden una tercera cita, que era llevarme a otro lugar a lo que yo me rehúso.
—Fernando estaba al tanto de esto, entonces, según usted ha contado.
—Todas las veces que ellos me citan y me dejan plantada, Fernando siempre lo justificó. El 7 ellos me escriben y me dicen que Evo Morales había tenido relaciones con una niña de 10 años, que habría fallecido, y que me iban a proporcionar esa información. Fernando valida esa información, porque yo antes de contestarle le mando a él una captura de pantalla y me dice sí, que él había escuchado de eso.
—¿Qué sucede después?
—Me citan una primera vez, yo voy y ellos no llegan. O sea, llegan supuestamente, pero vieron a los escoltas que me mandó Fernando y por eso no se presentan. Y me dicen que les traté de tender una trampa. Al día siguiente, Fernando me dice que el hijo del hombre que me escribía le escribió a mi policía y le preguntó qué estaba haciendo ahí en el hotel y este le dijo que estaba acompañando a un compañero. En la tarde, me escribe la persona que me contactaba, el sicario, y me dice que mi hijo le preguntó al policía, y le dijo lo mismo que me dijo Fernando. Luego me pide disculpa por la duda, la susceptibilidad, y me pide volver a juntarnos.
—Usted acepta.
—Vuelvo a ir, me vuelven a dejar plantada, y me dice que se le fregó la movilidad (transporte), y yo le digo a Fernando, “lo voy a bloquear” y Fernando me dice, no, no lo bloquees, algo ha debido pasar. Una tercera vez la persona me dice que ya no quiere que sea en el mismo lugar, que quieren recogerme para llevarme a una casa. Yo ante eso me niego, le digo discúlpeme, ustedes tienen susceptibilidad y yo tampoco los conozco a ustedes, no voy a ir. Y Fernando me dice, pero anda, mándame la ubicación en tiempo real y yo hago te me sigan. Ahora, yo supongo que lo que quería era que desaparezca mi cuerpo, no solamente matarme, sino que desaparezca mi cuerpo.
—La tercera es la vencida, decimos acá en Chile.
—Al día siguiente Fernando se despide con un beso a las 5 de la mañana de mí, porque supuestamente a las 6 y media iba a viajar para reunirse a las 11 con el Presidente de La Paz. Estuvimos hablando todo el día y él me garantizó que guardias de seguridad llegaron una hora antes que yo. Me puse a cenar, los esperé, Fernando me preguntaba si ya llegaron, les dije que no. Cuando me avisa que él que me iba a entregar estaba afuera, me dice que me acerque a una movilidad, yo le digo no, que él se acerque a la puerta. Por eso es que yo salgo a la puerta y le aviso a Fernando que ya llegó y me dice: anda tranquila, amor.
—Ahí fue cuando le dispararon.
—En ese momento me tiran los tres disparos y me sacan el celular. Eso es más o menos a las 8 y media. A las 8.50, un jefe de seguridad le informa no que me dispararon, le dice: ¡ya le dispararon! Esos son los chats que están circulando del desdoblamiento de su propio celular. Hasta las 9.20, él intenta comunicarse con los sicarios por medio de mi celular, les llama y luego pide que respondan si alguien me lee. Ese mensaje no está dirigido a mí, él claramente intentaba comunicarse con los sicarios.
—Ahí comenzó, me imagino, el proceso de fuga.
—Fernando dijo que estaba en La Paz y, cuando la policía lo empieza a buscar, le hace seguimiento desde Cotoca, zona cercana Santa Cruz, de donde son los sicarios. Entonces, en vez de irme a buscar al hospital, siendo que soy la madre de su hijo y estábamos en pareja, condujo desde Cotoca hasta el aeropuerto de Viru Viru para fugarse a la Argentina. No sé si le llegaron a entregar mi celular o no, pero ya tenía pasaje a Buenos Aires.
—¿Cómo era su relación con Fernando hasta ese momento?
—Tuvimos varias idas y vueltas, yo varias veces le dije que ya no quería seguir con él. Inclusive, dado un hecho de violencia anterior, le dije que le iba a poner una (vigilancia) perimetral, porque no quería que se acerque más a mí y que iba a denunciar no solamente el hecho de violencia, sino otros hechos, y él me dice, ni se te ocurra, amenazando incluso con suicidarse.
