25 junio 2026

Fuego cruzado en la derecha: la guerra Matthei–Romero y el adelanto presidencial en RN

 

A cien días del Gobierno de José Antonio Kast, las tensiones entre Chile Vamos y el Partido Republicano escalaron a un enfrentamiento abierto. Cruces públicos, recriminaciones y el adelantamiento de la carrera presidencial en RN evidencian una coalición lejos de la unidad que impulsa La Moneda.

Apenas cien días. Ese es el tiempo que le tomó a la coalición de derecha pasar de la euforia de la asunción presidencial de José Antonio Kast a una guerra de declaraciones pública.

La semana que acaba de transcurrir dejó en evidencia que la “unidad” exigida por La Moneda es una quimera y que la fisura estructural entre Chile Vamos y el Partido Republicano no solo es real, sino que amenaza con desangrar la gobernabilidad del Ejecutivo.

El tablero se sacudió cuando Evelyn Matthei decidió endurecer su ofensiva contra el Gobierno, asumiendo un rol protagónico desde Chile Vamos. La exalcaldesa de Providencia —figura tutelar de la UDI— leyó con rapidez la falta de coordinación, confianza y espacios reales de acuerdo dentro de la derecha, y marcó un punto de inflexión al poner en cuestión el funcionamiento mismo de la coalición.

Sin embargo, lo que debía ser un enfrentamiento directo entre una voz de peso y La Moneda terminó convirtiéndose en un escenario enredado y de alta fricción, tras la irrupción del diputado republicano Agustín Romero, que llevó la disputa a un nuevo nivel de confrontación dentro de la propia derecha.

Erguido como el “perro de presa” del oficialismo duro, Romero no solo cruzó con virulencia a Matthei, sino que extendió su artillería contra Diego Schalper (RN) y protagonizó un bochornoso y tenso round con la diputada Ximena Ossandón en plena sesión de la Cámara, lanzándole un altanero “yo trato como quiero” —en el marco del debate del proyecto antiencapuchados, tras ser interpelado por el uso de la expresión “humanoides” para referirse a manifestantes—.

El fuego amigo y las zancadillas

La actitud del legislador de Republicanos -que en RN han calificado de matonaje político- colmó la paciencia en la UDI. En declaraciones a Radio Guayacán de La Serena, el diputado Marco Antonio Sulantay no dudó en calificar la posición de Romero como “odiosa”, mientras que la jefa de bancada gremialista, Flor Weisse, fue directo a la mandíbula del expartido del Presidente a través de las páginas de La Tercera: “En Republicanos falta la madurez política de entender lo que es gobernar”.

Con la casa en llamas, surgen los intentos por llamar al orden, incluso desde fuera de la militancia. El diputado independiente de la bancada UDI, Hotuiti Teao, lanzó una dura advertencia a sus pares. “La unidad es el camino obligado que tenemos en la centroderecha para dar gobernabilidad a nuestro país y viabilizar el proyecto de desarrollo que impulsa el Presidente José Antonio Kast”, señaló Teao a El Mostrador.

Su dardo apuntó directamente al comportamiento de figuras como Romero y a las rencillas desatadas por los dichos de Matthei: “Esa unidad se debe construir desde el respeto y el reconocimiento a la diversidad de liderazgos que existen en nuestro sector y para eso se debe evitar el fuego amigo y las zancadillas entre quienes formamos parte del sector. La crisis de seguridad y de desarrollo que afecta a nuestro país nos impone el deber de garantizar gobernabilidad y proyectar a la coalición”.

La inevitable fisura

Pero en los pasillos del Congreso, el diagnóstico es lapidario. El diputado Eduardo Cretton (UDI) transparentó lo que muchos callan por decoro: la ruptura es profunda. “La pelea entre la derecha merluciana y la derechita cobarde no nos conduce a ninguna parte”, sinceró el parlamentario a Radio Universidad de Chile, dejando al descubierto el nivel de los epítetos que vuelan a puertas cerradas entre las facciones más extremas y las moderadas de la coalición.

Frente a la hemorragia, La Moneda intentó un torniquete solicitando a los partidos crear una “nueva instancia de coordinación”. ¿La respuesta? Un portazo gélido. En medio de reclamos cruzados, tanto RN como la UDI tomaron distancia de la propuesta, dejando en claro que no serán el vagón de cola del tren republicano.

Figuras como Arturo Squella han evidenciado apertura a “corregir” el rumbo, pero las señales parecen insuficientes ante una tropa desatada. La tensión por la acusación constitucional contra el exministro Nicolás Grau, impulsada por los sectores duros y resistida por los moderados, fue solo el último clavo en la semana del terror oficialista.

Carrera presidencial anticipada

Ante un Gobierno fuertemente marcado por la impronta republicana, Renovación Nacional decidió activar una estrategia de sobrevivencia política de alto riesgo: adelantar su propia carrera presidencial.

Fuentes del partido confirman a El Mostrador que, en la interna, se asume que la decisión de no haber competido con carta propia en la última elección presidencial fue un error que hoy condiciona su margen de maniobra. Bajo ese diagnóstico, la colectividad de Antonio Varas ha comenzado a proyectar tempranamente posibles figuras para evitar quedar relegada en el reordenamiento del sector.

La competencia interna es feroz. La presidenta del Senado, Paulina Núñez —quien le puso la banda presidencial a Kast—, capitaliza su cargo tejiendo redes de acuerdos con el Socialismo Democrático, perfilándose como la figura de los consensos. A ella se suma el jefe de bancada de diputados, Diego Schalper, erigido hoy como la “voz de RN” y principal dique de contención —como demostró al oponerse a la AC contra Grau— frente a la pulsión destituyente republicana. Y por los palos asoma la senadora por Valdivia, María José Gatica, quien ya inició giras estratégicas bajo el lema de trabajo territorial.

Esta anticipación del ciclo electoral podría generar incomodidad dentro del sector, en un momento en que se advierte que abrir tempranamente la competencia presidencial resulta prematuro, considerando además que aún persisten las consecuencias de la última elección para Chile Vamos.

Con todo, también se plantea una mirada distinta, que sostiene que, ante la falta de liderazgos plenamente consolidados, abrir espacio a figuras con proyección puede ser una decisión políticamente funcional en esta etapa.




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